domingo, 19 de enero de 2014

Para perder el contacto con el frío asfalto.

Es y será siempre un placer recrearse con las cosas pequeñas, bellas de la vida. Pero para poder tener la satisfacción de ser conscientes de esa variedad de tonalidades de la felicidad en el caos de lo cotidiano hay que entrenarse, mirar con otros ojos. Prepararse para perder el contacto con el frío asfalto, acariciar la suave y espectacular baldosa celeste, cálida, sedosa; mirar y disfrutar del espectáculo de nuestras vidas. Por esas pequeñas cosas y la mágica luz que todo lo inunda. 





Este es el cuaderno donde voy a comenzar mi nuevo y ambicioso Proyecto Creativo, en cuanto a nivel personal-profesional se refiere. Sí, así en mayúsculas.

Que la suerte me acompañe, y vosotros también, vale.



































domingo, 12 de enero de 2014

Fuegos artificiales.

Hemos cambiado de año, y sería un tanto injusto por mi parte, y para mí, después del trabajo extra que ha supuesto en este pasado 2013 no dejar mención de mi Proyecto 365, 'Una foto al día durante un año'. Sonrío al pensar que durante muchos meses pensé hacerlo, al menos, con otros tantos años más, bueno, quizás para 2016. Uf, me faltaron fuegos artificiales con traca final el 31 de diciembre pensando que era mi último reto fotográfico del año. 
Ha sido muy gratificante, me dio buenas oportunidades de aprendizaje, satisfacciones, y sobre todo los momentos familiares que he capturado ya quedarán para siempre en nuestras retinas, y en mi colapsado disco duro. Momentos cotidianos, escenas de casa, desde el coche, desde el balcón, del camino al cole, del huerto de mis padres, de los colores del cielo,... de comida, de gentes, de helados, de juegos, de fiestas y días de guardar... de todo un año entero.
Os dejo algunas de los tres últimos meses; si a alguien le interesa ver el trabajo al completo lo podéis hacerlo aquí, en mi Albúm para tal propósito de Flickr.


























lunes, 30 de diciembre de 2013

Finalmente chocolate negro.


                                            Desde que tomamos esta foto han pasado ya cuatro años. Es la primera de mi bebé en casa, en su cama, en nuestra cama. Había olvidado esa barbilla, ¡cómo podía haberla olvidado!.  Así que me he dejado llevar, y aquí llevo buceando entre recuerdos y fotos de la compacta como treinta minutos, estoy llena de dulzura y emociones blanditas con olor a bebé; voy a intentar limitarme a narrar los hechos y no resultar demasiado empalagosa. Aunque no sé si podré, avisados estaís.

Bueno, retomo el objetivo describiendo los acontecidos del 20 de diciembre de 2013: no podía quedar sin celebración dicha fecha, claro que no. Ni cortos ni perezosos nos lanzamos a unos días inolvidables; unos más que otros dado el espíritu viajero del padre de la criatura. Preparativos, sandwich, compras, recoger dorsales, globos, organización, queso, purpurina, limpieza, guirnaldas, zumo de melocotón, invitaciones,...




 ...chocolate negro, dudas, tijeras, patatas fritas, pegamento, platos azules, galletas con nombres, cartulina roja, nervios, alas de murciélago, servilletas grises,......  Y amaneció.

Era un día tan importante y especial en nuestro micromundo, ¡contando y restando dedos desde casi que acabó el calor y aparcamos la crema solar!. Como no podía ser menos nuestro despertar estuvo cargado de risas nerviosas, mimos y amor. Todos los miembros de la familia contribuimos a tal derroche de calorcito.



Nos preparamos para, también, despedirnos del cole. 


Estas son las galletitas el Cachorro repartió a todos sus compañeros de clase, también, como no, había una para la seño Paqui y la seño Inma.


Celebrábamos con compañeros y profes estas fechas que nos aguardaban justo justo a la vuelta de la esquina. Había disfraces acordes con las fechas (no hecho), actuación conjunta con villancico acompañado de pulserita de cascabeles (no hecha), recogida y entrega de galletas en forma de globo con los nombre de los 23 compañeros de clase (hecho), sesión para padres de fotos y video del momento acontecido (no hecho),.... Fue divertido y emotivo verlos allí en su pequeño gran escenario cantando y bailando con sus mejores sonrisas para nosotros. Orgullosos y nerviosos entonaban y danzaban al ritmo de ''Rodolfo el Reno''. Simpático y entrañable momento.

Llegó la hora H. Gincana a 2 grados con viento helador y una sensación térmica de -4. Y eran las tres de la tarde; antes tratamos de tomar las calorías necesarias para las tremendas condiciones atmosféricas con unos macarrones con tomate alrededor de la mesa de nuestro salón, que brillaba impresionante como nunca lo había hecho antes, allí sentaditos sus 11 compañeros, era tan emocionante para el Cachorro que no dejaba de tener ese brillo maravillo en los ojos que solo tienen los niños cuando viven una experiencia inolvidable. Lástima que no tuviera la lucidez de sacar unas fotos de esos momentos.
Y salimos. La misión era ayudar a un amigo terrícola a volver a casa, evitando que dos malvados extraterrestres que le perseguían le atrapasen. Contado así no parece una buena historia, pero los doce astronautas-spiderman cumplieron su misión haciendo que esta trama nada tuviera que envidiar a grandes filmes de su categoría. Anduvieron por desfiladeros, trotaron por acantilados, evitaron lluvia de meteoritos, y vencieron sin problemas a los enemigos de verdes ojos saltones y orejas puntiagudas (nuestros buenos amigos Paco y David). Al Cachorro salvo la duda que le persiguió durante toda la semana acerca de dónde iban a aparcar la nave no les parecieron muy terroríficos, les reconoció por sus chaquetas. 










Tampoco documenté bien el momento con mi cámara, pero creo que con estas cuantas podéis hacer una pequeña idea de como fue el evento.

Y después de nuevo a casa, ya con la 'fiesta' bien montada: globos, guirnaldas, regalos, juegos, risas, y como no, la tarta.



Fueron solo tres horas, intensas, pero solo tres horas. Sé que no podemos organizar los recuerdos que acompañaran a nuestros hijos de por vida, ni organizar ni crear ni manipular ni priorizar. Pero cuando 'vivo', y entrecomillo porque quiero dar el énfasis enorme que siento, unos hechos con tanta riqueza emocional, construyéndolos con él, creciendo y enriqueciéndonos juntos de esas vivezas irrepetibles y fascinantes, me siento afortunada de formar parte de ese pedacito de recuerdo. Y sí, orgullosa de contribuir a ese buen sabor de boca que le quedará al recordar el día en el que cumplió cuatro años.


miércoles, 18 de diciembre de 2013

Limón o chocolate blanco.

Y llegó el día D a la hora H.....   Así comienza mi entrada del año pasado por estas fechas, esperando el mágico día D a esa fantástica hora H. Pues sí, ha pasado un año más. 
Estamos a punto de perforar ese bizcocho de limón o de chocolate blanco aún no lo tengo muy claro, con cuatro velitas con diferentes formas de pelotas. Y sí, aquí de nuevo reflexionando, emocionada como no, viendo que el magnifico espectáculo de ver crecer a un hijo es más de lo que nunca pude imaginar. Disfrutar de su sentido del humor, apreciar sus opiniones sorpresa extravagantes pero acertadas, paladear sus experiencias personales resumidas tan breve e intensamente que me dejan durante unos segundos sin aliento; poder tenerlo de compañero de paseos, de compras o de momentos contemplativos, sentados en un banco disfrutando de unas gominolas y sonreirnos al mirarnos, sin más, disfrutando el uno del otro. 



¡Es más de lo esperaba pequeño!. 

Es mi mejor nuevo amigo, mi 'mmna', (esto es para él, para cuando pueda leerlo, lo entenderá). 

Y aquí lo dejo, tengo que seguir preparando la lista de la compra para el día H, tengo que decidir si incluir limones o chocolate blanco; solo quería darle forma gráfica a mis emociones de esta mañana. 

Estas son las invitaciones que hemos hecho para sus amigos de clase. Totalmente personalizadas, hechas artesanalmente, claro. Ha sido muy divertido.




jueves, 26 de septiembre de 2013

Coscorronazos varios.

He pasado una noche algo intensa. 

Al principio no conseguía conciliar el sueño, supongo que debido al exceso de té negro en la sobremesa, que sí que me encanta pero luego me pasa factura por comisión de servicios; me veo dando vueltas de un lado para otro, con lo que soy yo de caer ya dormida en la cama. Más tarde mi Cachorro que por fin y después de dos años tras su adquisición, duerme en su cama colindante, pequeña, destinada para tal uso, comienza con nuestra veraz batalla nocturna. 

Todo comienza así: primeramente después de su cuento con su padre o conmigo se queda dormido en la cama grande, en la zona que él se aferra en llamar, su laillo (su lado). Cuando nosotros nos vamos a dormir, lo cogemos y arrastramos hasta su cama, pegada tal cual a la nuestra que parece que tengamos un solo bloque de 2,40 metros. A su lado yo, y al mío, papá. Bella, después de dar como diez vueltas sobre sí misma duerme acurrucadita mas bien cerca de los pies de la cama pequeña, duerma quien duerma en ella, para con las primeras luces del alba pasarse a los pies de papá en la grande. Transcurridas las primeras horas de la noche con todos colocados en nuestra parrilla de salida comienza la gran aventura.


El Cachorro, no tengo ni idea sobre que hora mas o menos, lástima que no pueda corroborar  en este momento el dato con su padre, porque estoy más que segura que él sí que lo conoce, se despierta (su consciente está profundamente dormido) y tal cual suricato, de rodillas o incluso de pie me busca con los ojos muy abierto, el alma muy dormida y me localiza; se tira sobre mí en plancha, esto es tan literal como cierto, su objetivo: situar su cabeza tan cerca de la mía como le sea posible. Imaginad el resultado, seguido del inevitable coscorronazo. Él ni se inmuta, pega su frente con la mía y se vuelve a sumergir en su profundo descanso. Mientras que busco me espacio merecido y expropiado en su padre, un bloque macizo, inamovible, imperturbable con una molestosa y rígida almohada en los pies y nada en lo que poder apoyar la cabeza, me frenan el paso para alcanzar 'mis anchas'.

Este episodio puede repetirse tantas veces como sea necesario hasta que decido que mejor me paso a la cama pequeña después de arrebatarle al pequeño usurpador mi almohada. Llego exhausta y con las extremididas entumecidas por los músculo engarrotados, asfixiados, sin espacio (¡madre, cómo exagero!).
Una vez en la inmensidad de los 90 cm para mí solita, caigo en la cuenta al notar una bolita peluda a la altura de mi cadera que tendría que compartirla con Bella: ''-Bella, alé, a la cama grande-.'' La pobre, resignada, obedece.

Momentos de gloria, minutos de paz.

El 'suricato' vuelve a la carga. Posición de búsqueda, objetivo encontrado, lanzamiento empicado. Coscorronado en toda la frente. ¡¡Ay!!. A estas altura no es el cuerpo de su padre el que frena mi inevitable caída al vacío, porque es justo donde me dirijo. A si que me toca, re-recupero mi almohada, ella y yo somos una e indivisible en la oscuridad y nada ni nadie nos separará, y vuelvo a mi lugar en la parrilla de salida.

El 'suricato' vuelve a la carga. Pero ya, con las primeras luces del día, disfruto de su calorcito, de su respiración tranquila y acompasada y de sus manillas alrededor en mi cuello. Qué placer.

Esta mañana abrimos los ojos, nos miramos, y él suspira profundamente: "-¡¡Buenos días mami!!, qué agustito duermo contigo."

"-¡Y yo mi vida y yo!."



Me resta contar que, gracias a la Pachamamá, todas las noches son así, pero lo normal es seguir todo este ritual dormida plácidamente y descansando. A veces me despierto en la cama pequeña y no recuerdo como he llegado hasta allí. Todo depende de la intensidad y la localización exacta de los coscorrones en cuestión. Normalmente amanecemos así, acurrucados los tres, bueno los cuatro porque Bella ya nos acompaña, en 80 cm, dejando los 160 restantes para quien tenga que venir detrás.

Lo que realmente me gustaría sería grabarnos toda una noche con una de esas cámaras de visión nocturna; para poder verla tantas veces como quiera, cuando ya mi Cachorro decida que no quiere compartir más sus sueños con nosotros.

Porque aunque no quiera que llegue, ese día llegará.


jueves, 12 de septiembre de 2013

Pequeñas pinceladas.

Aun con el regusto dulce y meloso del último aliento del verano, quiero homenajearlo como se merece. Breve pero intenso, en pequeñas pinceladas. Es solo eso, es solo verano.